En Junio de 1986 se dio el hecho de caer un famoso Viernes 13 y como todos ustedes sabrán, siempre se ha tomado esta fecha como un referente para asuntos negativos.En realidad la fecha conmemora la captura y eventual condena de los Caballeros Templarios por parte del Rey Felipe IV de Francia un Viernes 13 de Octubre de 1307. Las razones (religiosas o económicas) no están establecidas históricamente.
En esa época era la etapa previa a la Flush y el auge de las motonetas en la ciudad. Alternando las salidas nocturnas en las llamadas passolas, salíamos a veces en vehículos de cuatro ruedas. Chichí, mi amigo de infancia se había pasado casi toda la semana intentando convencer a su papá que le prestara la camioneta de éste.
Se trataba de una situación delicada ya que esa camioneta era medianamente utilizada para asuntos del negocio familiar consistente en ventas de neumáticos y además venía de una reciente reparación casi total incluyendo una nueva pintada del referido vehículo de motor.
De alguna forma y tras varios intentos por fin Chichí consigue que le presten la camioneta. Se pone en contactos con algunos de nosotros para que diéramos una vuelta y hacer algo diferente esa noche. En el parque sentados, se econtraban con Ameriquito y Henry comiendo "eggburgers".
Antes del encuentro Chichí presentó una pequeña dificultad al tener ya la camioneta: Vlamidir, uno de sus hermanos, se había enganchado en la “cama” de atrás y se resistía a desmontarse. En ese trajín le dieron casi cuatro vueltas al Mercado Municipal del centro entre Vladi apearse y montarse.
Se resuelve el asutno con Vladi y chichí y un servidor nos disponemos a dar una vuelta en la camioneta. Pasamos por el parque y al ver a Henry y Ameriquito nos detuvimos...
-“¡Diablo loco! ¿¡Que Michelín te pretó esa camioneta!?”, dice Ameriquito
Se trataba de una situación delicada ya que esa camioneta era medianamente utilizada para asuntos del negocio familiar consistente en ventas de neumáticos y además venía de una reciente reparación casi total incluyendo una nueva pintada del referido vehículo de motor.
De alguna forma y tras varios intentos por fin Chichí consigue que le presten la camioneta. Se pone en contactos con algunos de nosotros para que diéramos una vuelta y hacer algo diferente esa noche. En el parque sentados, se econtraban con Ameriquito y Henry comiendo "eggburgers".
Antes del encuentro Chichí presentó una pequeña dificultad al tener ya la camioneta: Vlamidir, uno de sus hermanos, se había enganchado en la “cama” de atrás y se resistía a desmontarse. En ese trajín le dieron casi cuatro vueltas al Mercado Municipal del centro entre Vladi apearse y montarse.
Se resuelve el asutno con Vladi y chichí y un servidor nos disponemos a dar una vuelta en la camioneta. Pasamos por el parque y al ver a Henry y Ameriquito nos detuvimos...
-“¡Diablo loco! ¿¡Que Michelín te pretó esa camioneta!?”, dice Ameriquito
-“ ’Chacho tú no sabe la lucha que cogí pa’ convencé al viejo je,je,je”
-“Pero y qué vamo’ a hacé”, pregunta Henry
-“¿Malco que tú opina? No vamo’ a da una vuelta por ahí”, me pregunta Chichí
-“Bueno ya que Henry y yo andamo’ en passola, nosotro’ le caemo’ atrá’ ”, dice Ameriquito
-“¡OK vámono’¡ ”, le vocifera Chichí acelerando a dos manos el vehículo
Tras unas cuantas vueltas sin sentido (Ameriquito y Henry detrás de nosotros en la camioneta) me dice Chichí:
-“¡Hey! ¿Utede son arretao’?”
-“¿Cómo así, Chichí qué tu planea?”, pregunta Ameriquito
-“¡Vamono’ pa’ La Luisa a llamá al Diablo!”
-“Ja,ja,ja pero ete hombre será loco ja,ja,ja dime Malco ¿qué hacemo’?”
-“No relajen con esa vaina miren que hoy e’ Vielne trece”, digo medio indeciso
-“¡Por eso mimito! ¡Vamo' pa’llá y si utede son arretao’ cáiganme atrá!”, responde Chichí en tono desafiante
Ameriquito subió la passola en la cama trasera de la camioneta y yo opté por pasarme atras para sostenerla sentado en uno de los bordes, mientras que Chichí, Henry y él continuaban al volante y pasajeros, respectivamente.
Nos vamos para el paraje llamado La Luisa que quedaba a unos escasos metros de Buena Vista Norte y tenía la particularidad de otro acceso cerca de la parte alta del llamado Río Dulce. La idea era entrar por la parte baja de la ciudad y salir por la parte alta.
Previamente en la tarde había caído una ligera llovizna y el tramo de carretera no estaba asfaltado por lo que había metros enlodados y otros secos. Manejando despacio llegamos a la intersección en donde se determinaba si continuar para Río Dulce o adentrarnos en sí para una larga carretera matizada a un extremo por un desmesurado cañaveral…
-“¿Entonce’ seguimo’ hata el final?”, me pregunta Chichí sacando la cabeza desde la puerta
-“¡Epérate!”, vocifero y me le digo “Mejol bajemo la passola y que Ameriquito se vaya en ella y yo sigo aquí atrá”
Hicimos lo propio y tras unos largos minutos, llegamos a un sitio donde ya no se podía seguir debido a que el camino estaba obstruido por unos abandonados tractores. Al lado de éstos estaban unas enormes estructuras metálicas parecidas a jaulas donde se depositaba la caña para transportarla.
Con una luna ultra radiante, nos detuvimos y nos paramos todos frente al vehículo cuando de repente Chichí vocifera:
-“¡Diablo si tú exite sal ahora!”
Había un miedo colectivo y las miradas fijas a los ojos entre unos y otros eran una constante combinada con otras fijaciones visuales a los cañaverales y súbitos chequeos a nuestras espaldas. En un momento y tras varios llamados, Chichí hace un último esfuerzo a todo pulmón y quien responde es el lejano sonido de una vaca.
-“Señore’ vamono de aquí que yo creo que ese e’ un vacá”, dice Ameriquito
Subimos nueva vez la passola a la cama de la camioneta y procedemos a retirarnos. Chichí venía un poco ligero y se le ocurrió hacer zig-zags en el camino de retorno. Tomando en cuenta los amplios deslices a ambos extremos, opté por bajar la passola e irme en ella.
Una vez montado, continué bien de cerca intentado darle alcance a Chichí quien había incrementado sustancialemente la velocidad y continuaba con los zig-zags. En un momento determinado, se abrió demasido en uno de los deslices debido al lodoso terreno y el vechículo impactó a gran velocidad con un enorme árbol.
De lejos vi el accidente y aceleré el paso para saber qué pasaba. Al llegar vi a un asustado-dolorido Chichí levantándose el poloshirt para verse el pecho y en éste estaba tallada la forma curvilínea del timón, Henry se encontraba bastante aturdido y Ameriquito se había desmayado.
Cuando se rescató la camioneta, la forma del frondoso y sólido árbol se había incrustado justo a la mitad del vehículo. Los padres de Chichí entendían que éste estaba mal debido al estado de la camioneta y estaban preocupados.
Nosotros al llegar a la ciudad, nos dispersamos y cada quien se retiró bien asustados a sus casas. Chichí temeroso optó por quedarse en la mía y se “escondió” encima de uno de los baños para evitar ser encontrado. Me presento como emisario a su casa y me recibe su mamá quien al ver mi primer intento frustrado como actor dramático, preguntó capciosamente:
-“¿Y la camioneta?”
-“Doña Nidia...tuvimo un pequeño accidente, pero...¡Chichí ta’ bien! al igual que la camioneta...”
Una comisión mixta de vecinos se integró rápidamente para garantizar la entrega de Chichí y evitar que cayera sobre sí la ira de su padre.
-“Pero y qué vamo’ a hacé”, pregunta Henry
-“¿Malco que tú opina? No vamo’ a da una vuelta por ahí”, me pregunta Chichí
-“Bueno ya que Henry y yo andamo’ en passola, nosotro’ le caemo’ atrá’ ”, dice Ameriquito
-“¡OK vámono’¡ ”, le vocifera Chichí acelerando a dos manos el vehículo
Tras unas cuantas vueltas sin sentido (Ameriquito y Henry detrás de nosotros en la camioneta) me dice Chichí:
-“¡Hey! ¿Utede son arretao’?”
-“¿Cómo así, Chichí qué tu planea?”, pregunta Ameriquito
-“¡Vamono’ pa’ La Luisa a llamá al Diablo!”
-“Ja,ja,ja pero ete hombre será loco ja,ja,ja dime Malco ¿qué hacemo’?”
-“No relajen con esa vaina miren que hoy e’ Vielne trece”, digo medio indeciso
-“¡Por eso mimito! ¡Vamo' pa’llá y si utede son arretao’ cáiganme atrá!”, responde Chichí en tono desafiante
Ameriquito subió la passola en la cama trasera de la camioneta y yo opté por pasarme atras para sostenerla sentado en uno de los bordes, mientras que Chichí, Henry y él continuaban al volante y pasajeros, respectivamente.
Nos vamos para el paraje llamado La Luisa que quedaba a unos escasos metros de Buena Vista Norte y tenía la particularidad de otro acceso cerca de la parte alta del llamado Río Dulce. La idea era entrar por la parte baja de la ciudad y salir por la parte alta.
Previamente en la tarde había caído una ligera llovizna y el tramo de carretera no estaba asfaltado por lo que había metros enlodados y otros secos. Manejando despacio llegamos a la intersección en donde se determinaba si continuar para Río Dulce o adentrarnos en sí para una larga carretera matizada a un extremo por un desmesurado cañaveral…
-“¿Entonce’ seguimo’ hata el final?”, me pregunta Chichí sacando la cabeza desde la puerta
-“¡Epérate!”, vocifero y me le digo “Mejol bajemo la passola y que Ameriquito se vaya en ella y yo sigo aquí atrá”
Hicimos lo propio y tras unos largos minutos, llegamos a un sitio donde ya no se podía seguir debido a que el camino estaba obstruido por unos abandonados tractores. Al lado de éstos estaban unas enormes estructuras metálicas parecidas a jaulas donde se depositaba la caña para transportarla.
Con una luna ultra radiante, nos detuvimos y nos paramos todos frente al vehículo cuando de repente Chichí vocifera:
-“¡Diablo si tú exite sal ahora!”
Había un miedo colectivo y las miradas fijas a los ojos entre unos y otros eran una constante combinada con otras fijaciones visuales a los cañaverales y súbitos chequeos a nuestras espaldas. En un momento y tras varios llamados, Chichí hace un último esfuerzo a todo pulmón y quien responde es el lejano sonido de una vaca.
-“Señore’ vamono de aquí que yo creo que ese e’ un vacá”, dice Ameriquito
Subimos nueva vez la passola a la cama de la camioneta y procedemos a retirarnos. Chichí venía un poco ligero y se le ocurrió hacer zig-zags en el camino de retorno. Tomando en cuenta los amplios deslices a ambos extremos, opté por bajar la passola e irme en ella.
Una vez montado, continué bien de cerca intentado darle alcance a Chichí quien había incrementado sustancialemente la velocidad y continuaba con los zig-zags. En un momento determinado, se abrió demasido en uno de los deslices debido al lodoso terreno y el vechículo impactó a gran velocidad con un enorme árbol.
De lejos vi el accidente y aceleré el paso para saber qué pasaba. Al llegar vi a un asustado-dolorido Chichí levantándose el poloshirt para verse el pecho y en éste estaba tallada la forma curvilínea del timón, Henry se encontraba bastante aturdido y Ameriquito se había desmayado.
Cuando se rescató la camioneta, la forma del frondoso y sólido árbol se había incrustado justo a la mitad del vehículo. Los padres de Chichí entendían que éste estaba mal debido al estado de la camioneta y estaban preocupados.
Nosotros al llegar a la ciudad, nos dispersamos y cada quien se retiró bien asustados a sus casas. Chichí temeroso optó por quedarse en la mía y se “escondió” encima de uno de los baños para evitar ser encontrado. Me presento como emisario a su casa y me recibe su mamá quien al ver mi primer intento frustrado como actor dramático, preguntó capciosamente:
-“¿Y la camioneta?”
-“Doña Nidia...tuvimo un pequeño accidente, pero...¡Chichí ta’ bien! al igual que la camioneta...”
Una comisión mixta de vecinos se integró rápidamente para garantizar la entrega de Chichí y evitar que cayera sobre sí la ira de su padre.
Jamás en la vida y por toda la etapa de nuestra adolescencia volvimos, a ejecutar semejante práctica aunque efectivamente, sí volvimos a La Luisa...
Por: Marcos Sánchez. Cuentos Sociales: “Viernes 13”. © 2010 Marcos Sánchez. Derechos reservados.
Por: Marcos Sánchez. Cuentos Sociales: “Viernes 13”. © 2010 Marcos Sánchez. Derechos reservados.





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