jueves, 31 de diciembre de 2009

"Estadística de Fin de Año"

El 30 de Diciembre de 1995 fui invitado a la tradicional fiesta de fin de año del CODIA filial El Seibo.

Cayó Sábado y habían elegido ese día debido a que la gran mayoría no garantizaba poder hacerlo el mismo 31 ya que tenían diversos compromisos familiares, incluidas las tradicionales visitas de amistades venidas del extranjero, entre otras cosas.

Los miembros del CODIA en el Seibo eran mis estudiantes de Inglés gracias a las diligencias hechas por mi gran amigo Florentino Durán, quien era miembro del gremio. Viajaba todos los Sábados a impartirles clases y se aprovechó la coincidencia para tomar ese día, en vez de impartir clases, compartir sanamente.

La gente del Seibo es extremadamente hospitalaria y conversadora. Como soy una persona gregaria, no me resultó difícil la interacción con todo el mundo. Para variar la atmósfera, todos se pusieron de acuerdo en ir a la casa de uno de los ingenieros y así tornar el encuentro más íntimo.

Florentino me pidió que me quedara en su casa, pero opté por alojarme en el Hotel Santa Cruz que estaba perfectamente ubicado en la Avenida Manuel Diez Jimenez, principal de la antiquísima ciudad. Anexo a ese hecho, en ese mismo trayecto estaba la parada hacia La Romana.

Llegué al Seibo cerca de las 9:30 de la mañana y para dar tiempo a que se organizara el asunto, me dieron un tour por lugares y zonas que no conocía en el área. El color verde era constante por donde quiera que mirara matizando el frescor que emanaba el simple hecho de ver las montañas.

Por fin cerca de las 1:00 de la tarde llegamos a la casa elegida y allí compartimos toda la tarde entre narrativas históricas, jugadas de dominó, intercambio de impresiones, toma de fotos y obviamente, comida y bebida.

Ya caída la tarde cediéndole el paso a la prima noche, estaba exhausto y pedí que me llevaran al hotel. Pude en realidad haberme ido para La Romana, pero no tenía prisa y además hubiese sido una astronómica descortesía desde el punto de vista de mi doble condición de Profesor e invitado.

Al día siguiente, desperté temprano y aunque la parada de guaguas estaba sumamente cerca, Florentino insistió en llevarme. Nos despedimos con un caluroso abrazo y entré en mi bus. Por fortuna encontré un asiento del lado contrario al reflejo del Sol aparte de que el transporte, estaba casi lleno.

Breves minutos antes de partir, entra una elegante dama ataviada con una delicadísima camisa blanca de mangas largas y pantalones de vestir color negro.

El aspecto aparentaba una mujer en sus treinta avanzados, pero probablemente su estilo de vida impedía algún desgaste visible aun cuando llevaba sendas gafas oscuras. Con una miraba bien rápida, se dio cuenta que habían nada más asientos en la parte de atrás y un espacio a mi lado. Se acerca y pregunta:

-“Discúlpeme joven. Está este asiento ocupado?”

-“No, no para nada”, le respondo.

Estaba claro que su presencia había impregnado un aroma ultra agradable en toda la guagua, mas al sentarse a mi lado, ese olor era penetrante y gracias a Dios, tenue.

Dominicano al fin, dado que el porcentaje de no iniciar un diálogo en un autobús de una ciudad a otra, es casi nulo, rompo el hielo:

-“Perdone la imprudencia señora. Usted no es del Seibo, cierto?”

-“Qué le hace pensar que no lo soy?”

-“Su color de piel no es de esta área”

-“Muy bien. No soy seibana. Soy de Higüey. Estaba aquí entregando unos regalos a mi suegra”

-“Comprendo”

-“Y usted? Es de El Seibo?”

-“No. Soy de La Romana. Estaba aquí compartiendo con unas amistades. Más bien, mis alumnos. Soy Profesor de Inglés”

-“Interesante. El Inglés y yo hemos librado innumerables batallas, pero no he podido dominarlo”

-“Todo es cuestión de enfoque. Si se toma individual es distinto a un grupo. Por razones de logística, muchos institutos mezclan adultos con adolescentes y el resultado es un desastre. De ahí quizás su negativa”

-“Tienes toda la razón. Se nota que vives lo que haces. Poca gente trabaja en lo que le gusta. Tienes buena dicción”

-“Gracias. Recién me inicié como Locutor”

-“Bonita elección. El Comunicador tiene en sus manos una herramienta poderosa: su micrófono le permite entrar donde sea con su mensaje”

-“Si, aunque muchas veces sin permiso”

-“Es cierto, pero el que sabe manejarse siempre da las gracias por que se le permita entrar a nuestras casas, oficinas o en nuestros vehículos sin ese permiso como dices”

-“Así es. Y usted? A qué se dedica?”

-“Soy médico. Estoy ahora realizando una especialidad”

-“Que bien!. Tiene familia en La Romana?”

-“Una cuñada, pero no es de La Romana. Coincidiremos allá para luego ir a Santo Domingo”

-“Y su esposo es de La Romana?. A lo mejor le conozca”

-“No lo creo”

En eso hubo un diminuto silencio y se cortó la conversación. La señora se disculpó decentemente y no volvimos a cruzar palabras hasta que llegamos a La Romana:

-“Su cuñada la recogerá en algún lugar en específico?”

-“Me pidió que la esperara en La Rotonda. Supongo que esta guagua pasa por ahí en su ruta hacia la última parada en el mercado municipal”

-“Bueno voy al canal donde laboro y si no le importa, podría bajarme con usted”

-“Muy amable”

Al llegar a La Rotonda, me desmonté con ella con la intención de llegar a Costa Visión, el canal donde trabajaba que estaba ubicado bien cerca. Procedo a despedirme una vez noto a otra fémina que le hace señas desde el interior de un carro:

-“Bueno, espero que vayan bien. Su esposo debe estar desesperado esperándola en Santo Domingo”

-“Ojala fuera así. Mi esposo se convirtió en una estadística de fin de año. Murió víctima de una imprudencia automovilística un 31 de Diciembre. A donde vamos es al cementerio a rendirle respetos a su memoria. Cuídate. Bye...”

Hoy es 31 de Diciembre. Termina un año e inicia otro. La gente después del famoso cañonazo sale como loca a las calles a celebrar. No veo nada malo en eso, simplemente que la gran mayoría lo hace bajo el efecto del alcohol muchas veces manejando ya sea en motocicletas o carros y sumado a eso, armados con pistolas.

Esa tripleta es peligrosa: alcohol + al volante + arma de fuego.

Trate de ser prudente y responsable. Recuerde que no se trata del fin del mundo. Es sólo un cambio de fecha.


Por: Marcos Sánchez. Cuentos Sociales: "Estadística de Fin de Año". © 2009 Marcos Sánchez. Derechos reservados.

jueves, 24 de diciembre de 2009

"Ayuda Anónima"

Tradicionalmente nos han inculcado que los hijos somos el reflejo de nuestros padres desde el punto de vista de cómo se nos educó. De ahí, que la vida nos pague justo lo que merecemos.

Todo, por supuesto, suena extremadamente bien en teoría.

Cuando tenemos que enfrentar una situación provocada directa o indirectamente por nosotros, nos damos cuenta que las cosas no siempre salen como pensábamos, pero si miramos en nuestro interior, nos damos cuenta que seguir o cambiar depende de uno mismo.

El 22 de Septiembre de 1998 será recordado como un día fatídico para toda la región Este y de manera muy sensible, para todo romanense ya que el ciclón Georges dejó estragos materiales y psicológicos para muchas familias en La Romana.

Al día siguiente del desastroso fenómeno, salí con un amigo a dar una vuelta para ver cómo había quedado nuestra atolondrada Flor del Este. El espectáculo era algo más allá que deprimente. Desde la
parte alta de la ciudad, ésta parecía un desierto en términos literales.

Viendo desastre tras desastre y gente con rostros entristecidos, pasábamos de un sector a otro y en un momento determinado nos paramos en un pequeño colmado en la calle Espaillat llamado “La Tasca de María”. Entramos y nos sentamos:

-“Qué tiempo tu crees que le tome a La Romana recuperarse, Marcos”, me pregunta escéptico mi amigo.

-“No lo sé. Todo depende de las autoridades y la cantidad de ayuda que recibamos”.

-“Tu te imaginas esta vaina ahora?: no hay luz, poco agua, hielo, comida, los trabajos parados, las escuelas cerradas… ‘Tamo feo pana”, me dice bien preocupado.

-“Tienes razón, aunque se dice que de la desgracia se obtiene un beneficio”

En eso la dependiente del colmado nos interrumpe y nos dice decididamente:

-“Bueno, discúlpenme que me meta en la conversación, pero de seguro los ricachones serán los únicos que se beneficien porque yo no veo cómo, con todo este desastre...”.

En eso entra un señor que sostenía unas fundas de alimentos para palomas y se integra al diálogo y dirigiéndose a mí, me dice:

-“No e’ uté el hombre de la película?”.

-“Sí”, le digo escuetamente.

-“Su programa me encanta. Mire como son las cosas! eta e’ una película de terror que ha dejado ete ciclón”.

-“Eso es así. De eso estábamos hablando aquí antes de usted llegar”, dice la dependiente.

-“Na’. Eperá a ve qué pasa!”, dice el señor. En eso se mete las manos en los bolsillos, mira la cantidad que tiene y nos pregunta a mi amigo y a mí:

-“Lo muchachote se toman una cervecita?. Ete calor ta’ bien fuelte”.

-“Bueno! Qué se va hacer?!”, dice mi amigo al tiempo que asiente dando su visto positivo a la invitación.

El señor pagó, se llevó además una cerveza en manos y se despidió. En eso siguen entrando más personas al lugar. El espacio no era muy amplio y accedimos a sentarnos en unos banquitos afuera del colmado.

-“Que ironía de la vida. Pasamos por aquí chequeando parte del desastre y de repente nos brindan par de pequeñas gracias al hombre de película!. No puedes quejarte, eh?”, me dice.

Antes de darme un sorbo, miro la botella y al frente veo gente de un lado a otro en búsqueda de provisiones y otras cosas y digo sopesadamente:

-“No creo que se vea bien estar aquí tomando cerveza mientras todo el mundo no sabe si va o qué va a comer hoy…”

-“Bueno, Marcos no me malinterpretes, pero quién sabía que esta vaina sucedería. Qué podemos hacer?”.

Me levanto de la silla, entro al colmado, le pido a la dependiente que me guarde la cerveza en el congelador, salgo y le digo:

-“Te voy a decir qué vamos a hacer”.

Confundido, me ve caminar hacia la esquina y me paro justo en la calle Luperón y Espaillat a unos escasos metros del colmado. Al acercárseme me dice:

-“Pero ven acá hombre de Dios y qué fue lo que te dio?”.

-“Te voy y me voy a demostrar qué tanto la gente me conoce”, le digo.

Comencé a parar a todo aquel que me hacía un saludo y le solicitaba un aporte para ayudar a las personas que vivían en la periferia y que por lo distante de su ubicación, eran candidatos a recibir asistencia tardía o loque era peor, ninguna.

Estuvimos allí desde las 5:30 de la tarde hasta caída la noche, cerca de las 8:00 PM. Cuando contamos eran cerca de unos tres mil pesos y algo más. Mi rostro estaba en aspecto satisfecho y le digo a mi amigo:

-“Ahora sé qué tanta gente conoce a uno. Vamos a casa a preguntarle a mi mamá qué podemos comprar con esto”.

Sólo obtuvimos unas ocho fundas llenas de todo lo que usted se puede imaginar en materia de alimentos básicos más velas, trementina y fósforos.

Las repartí en lo que hoy día es Piedra Linda y me ayudó solícitamente mi gran amigo y mentor cinematográfico, José María Castillo.

No he olvidado el rostro de esa gente al ver la ayuda que llegaba y al preguntarnos si se trataba de un asunto político, le dijimos que simplemente era una motivación personal.

Hace como un año, estaba con mi mamá en el más grande centro comercial de la ciudad y parados en la caja se me acercó un jovencito y me dijo:

-“Hey! Gracias por todo!”.

Sin tener idea de por qué o qué motivó a ese muchacho a decirme eso le pregunto:

-“Gracias, por qué?”.

En eso llegan sus padres y le dicen señalándome:

-“Ese que 'tá ahí fue quien no' ayudó pa' la época del ciclón”.

Notablemente conmovido, le dije que lo había hecho de corazón y entonces me dijo el joven:

-“Que bueno que hay gente como uté. Ese día me dijo mi mamá que no teníamo' qué comel siendo yo un pipiolito de uno 2 ó 3 año'”.

A mi mamá se le salieron sendos lagrimones y enfrente de todos, nos abrazamos.

Ese fin de semana almorcé con ellos allá en la ahora no tan modesta casa. No reparé en lo que comí. Sólo sé que me sentí un mejor ser humano ese día.

Estamos en Navidad. Sabemos que hay una crisis financiera, no obstante trata de ayudar a alguien hoy, que a lo mejor no sepa o no tenga qué comer esta noche.

Por: Marcos Sánchez. Cuentos Sociales: "Ayuda Anónima". © 2009 Marcos Sánchez. Derechos reservados.

viernes, 18 de diciembre de 2009

"Chuleo Espacial"

De las tantas inolvidables vivencias en época de escuela, una de las más significativas para mí fueron las famosas giras escolares a varios puntos de interés cultural en Santo Domingo.

La excitación no tenía límites ya que el hecho de ir a una gira, representaba no tomar clases ese día y aunque estuviéramos en uniforme, el asunto adquiría un matiz que se traducía en una sola cosa: gozadera total.

En 1986, el colegio donde estudié organizó una gira para El Museo Nacional de Historia Natural, conocido por poseer cuatro salas dedicadas al conocimiento: La Sala del Universo, La Sala de la Tierra, La Sala Humana y la Sala Ecológica. Obviamente estas salas pertenecían a una parte de lo que el museo como tal brindaba.

Siendo un excelente estudiante fanático de las Artes y Humanidades, además fiel apasionado de la Historia Universal, Geografía, Lengua Española y Ciencias Naturales, para mí en particular la gira era de importancia capital en términos de conocer más sobre el aspecto científico.

Sumado a esto, estaba el boom de que era la primera vez que mi curso iba al citado lugar. El museo, inaugurado en 1981 por el gobierno del desaparecido Antonio Guzmán Fernández, era el lugar más popular y visitado por giras escolares a nivel nacional.

A última hora, una cantidad de los compañeros no pudieron ir y el colegio como había pagado los servicios de un bus con capacidad para 64 pasajeros, optó por invitar otros cursos para llenar el cupo. Esa decisión fue vista por mí como un ‘súper visto bueno’ porque había una estudiante nueva de nombre Berenice, que me tenía de vuelta y media.

Por fin salimos y como hombre activo, me fui a la famosa ‘cocina’ para gastar energías con mis compañeros y sentarme cerca de Berenice. La fémina en cuestión, era la hija mayor de su padre y sumamente consentida. Hablaba con pocas de sus compañeras y siempre tenía algún atuendo de moda más un carácter ultra arrogante.

-“Disculpa, me puedo sentar a tu lado?”, le pregunto.

-“Bueno el sillón no es mío, pero si te vas a sentar a mi lado te voy a pedir por favor que detesto la bulla al lado mío”, responde con cejas alzadas.

-“Un poco delicada tu petición, pero haré lo posible por complacerte”, le respondo al momento de sentarme. Sin perder tiempo me presento:

-“Un placer. Mi nombre es…”

-“Marcos el de la Flush”, me dice.

-“Vaya! tú también!”, le digo sorprendido.

-“Claro! Te vas a ser ahora el desentendido?. Todo el mundo en el colegio está loco con tu passola y es el pan nuestro de cada día”.

-“Estoy consciente de eso… discúlpame, cómo es tu nombre?”

-“Berenice, pero ni te emociones cariño!”.

-“Pero emocionarme con qué Berenice?!”.

-“Con fantasear que me monte en tu Flush papito. Acabarás antes de finalizar el bachillerato con medio colegio, pero ésta que está aquí NO estará en tu listado mi amor!”.

-“Oye, apenas estoy ahora en octavo y no creo que para cuando esté en 4to. de bachillerato las cosas sean iguales. Mira mi intención no es incluirte en mi lista como dices, pero debes saber que desde que llegaste al colegio, me tienes loquito Berenice”.

-“Ay por favor ja,ja,ja,ja,ja! es así como le dices a todas, verdad?”.

-“Cómo quieres que te lo demuestre Berenice?”.

-“Bueno Mr. Marquito Flush ja,ja,ja,ja,ja, ruégame y convénceme que tienes casi un día de clases. Si no te molesta, voy a escuchar música en mi Walkman”.

Se pone sus llamativos audífonos jactándose de ser una de las pocas dueñas de un Walkman y no volvimos a cruzar palabra hasta que llegamos al museo y provoqué coincidir con ella en la cafetería:

-“Supongo que no te molestará que merendemos juntos”, le pregunto.

-“No para nada. Yo me traje mi propia merienda. No sabía si lo que habría aquí me gustaría y por eso me traje mi comida”.

-“Te puedo confesar algo Berenice?”, le digo mirándola fija a los ojos.

-“Muchacho! no me mire así que me estas dando miedo!. Confiésese Marquito Flush”.

-“Cuando te vi darle la mordida al pan, me fijé en esos labios que estoy convencido tienen sabor a fresa”.

-“ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja ay Marcos… eres siempre así de creativo?”.

-“Permanentemente mi amor”.

-“Hey! Cuidadito con eso de 'mi amor' que no soy nada tuyo aún”.

En eso, la profesora encargada del grupo al cual había sido asignado, interrumpe mi muela para indicarnos las pautas a seguir y presentarnos a la guía que nos daría la inducción en el museo.

La enorme estructura constaba de siete enorme pisos con interiores bastantes contemporáneos para la época. En el recorrido, nos llevaron a varios talleres donde se restauraban piezas, luego vimos brevemente una enorme sala de conferencias, una bien equipada biblioteca y la guía intentó crear conciencia hablándonos de la importancia del ecosistema al momento de mostrarnos los jardines.

Llega el momento más esperado de la gira y somos conducidos a la Sala Humana, luego a la Sala Ecológica seguida de la Sala de la Tierra y finalmente, la Sala del Universo. Allí le agarro sutilmente mi mano a Berenice y ésta accede sin problemas.

La sala estaba bien obscura ya que las paredes tenían una pintura que emulaba el espacio sideral y para darle vida a la animación, se requería nada de luz. En eso la guía nos invita a seguir el recorrido y la muchedumbre va saliendo y aprovecho y le digo al oído a Berenice:

-“Quédate justo donde estas y deja que salga el resto…”.

-“Tú estas loco?! Si nos ve la profesora se va a armar un lío”, me dice susurrando.

En eso y sin medir más palabras, la sujeto por la cintura y rápidamente la pego a mí y comienzo a besarla. Nerviosa me mira y me vuelve a susurrar:

-“A la verdad que tú estas loco Marcos…!”.

-“Por ti Berenice y desde que llegaste al colegio. Ya te convenciste?”.

En eso oigo unos tacos acercarse a la sala. Miro a una de las salidas, pero no divisamos a nadie y de repente la guía nivela el control de claridad de la sala y nos dice:

-“Jovencitos, lamento haber interrumpido su chuleo espacial. Vuelvan a su grupo por favor”.

En la actualidad el Museo Nacional de Historia Natural, está cerrado al público debido a remodelaciones y reparaciones. Está localizado en la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte.

Por: Marcos Sánchez. Cuentos Sociales: "Chuleo Espacial". © 2009 Marcos Sánchez. Derechos reservados.

viernes, 11 de diciembre de 2009

"Marco Polo"

1987 fue un año de mucha actividad social para mí ya que estaba cerca de la adolescencia y por esa razón gozaba de más libertad.

Mi ambiente social era sumamente versátil ya que fácilmente permeaba en diferentes estratos sin ningún tipo de prejuicios. Para mí, todos éramos iguales como personas con nuestras virtudes, defectos y estatus. Estaba sumamente claro en ese aspecto.

Tenía los tradicionales amigos de mi barrio y zonas aledañas, los que conocí en el Centro de Inglés La Nueva Era y las amistades cosechadas en la escuela. De éstos últimos, había algunos que por el hecho de que sus padres laboraban en Casa de Campo, Costa Sur o el Central Romana, eran favorecidos con acceso a la playa Las Minitas, entre otras facilidades.

Gracias a uno de ellos pude conseguir una réplica de un carnet que daba acceso a la citada playa entrando por la ahora desaparecida entrada de Caletón. Sin percances, uno mostraba el pase al seguridad y éste al leer la inscripción, permitía el acceso sin mayores contratiempos o requisitos adicionales.

Meses antes de tener la Flush, entraba en bicicleta, pero como andaba ya en un vehículo de motor, me iba en ella. Sin sonar pretencioso, la Flush llamaba mucho la atención debido a su diseño aerodinámico que emulaba una especie de jet ski rodante. Muy adelantada para ese momento. Incluso de tenerla ahora, llamaría la atención de igual forma.

Un día resuelvo con unos amigos ir a una de las tantas piscinas diseminadas por todo Casa de Campo. Una parte decidió irse en el transporte del hotel, otra parte en bicicleta y otros tantos, nos fuimos en motonetas.

Las erráticamente llamadas passolas, obviamente nos garantizaban llegar más rápido. Cito erradamente porque el término ‘passola’ se le acuñó a las motonetas cuando la primera moderna de este tipo, que desplazó a la clásica Vespa, llega al país, decía en los laterales “passola” y era marca Yahama. Su vida fue corta y para cuando llegó la Flush y posteriormente la Honda Lead, el importador llenaba los documentos aduanales describiéndolas como ‘motonetas tipo passola’ y de ahí todas las siguientes se les comenzó a llamar passolas.

Ya dentro del área, me dirijo a una piscina ubicada en Los Lagos que para mi infortunio, estaba totalmente llena de personas. Esto implicaba un serio problema para los que andaban en bus porque éste hacia rutas específicas. De todas formas, la idea era que si no coincidíamos en una del área, fuéramos a la siguiente.

Hago un recorrido de otras tres piscinas y todas llenas. Uno de los muchachos sugiere ir a Golf Villas y procedemos. Ya allí por fin encontramos una piscina con poca gente. Parqueamos nuestras passolas, nos bañamos previo a entrar a la piscina y finalmente, nos metemos a nadar.

Había unos niños jugando Marco Polo y comunicándose en Inglés. De repente se arma un corredero y uno de los muchachos me vocifera:

-“Malco! Malco! Vámono' que viene Seguridad!”.

-“Pero, cuál e’el brejete? Entramo’ con lo pase sin problema’”, digo.

-“Bueno uté e’que sabe compadre!”, me dice al momento de encender su passola junto al resto y retirándose abruptamente.

En eso llega uno de los guardias de seguridad y verifica toda el área visualmente, mirando para todos lados. En eso se comunica con sus compañeros y les dice:

-“Sierra 1, se fueron en dirección Oete!. E’un grupito como de cinco o sei’ en passolita!”.

El corazón comienza a latirme cada vez más aceleradamente y me quedo prácticamente tieso dentro del agua. No tenía ni podía hacer nada y entonces escucho uno de los muchachitos decir:

-“Marco” saliendo debajo del agua.

-“I’m here”, le respondo en un Inglés precario.

-“Polo!”, vocifera el resto.

El agente de seguridad al escuchar mi pronunciación, se quedó medio confundido y optó por sentarse en uno de los bordes del perímetro que protegía la piscina.

-“Hey! Ha,ha,ha,ha,ha, your name is Marcos?”, me dice en burla uno de los muchachitos.

-“Yes, I’m Marcos”, le digo entre asustado y medio valiente.

-“That’s funny! We’re playing Marco Polo and your name’s Marcos ha,ha,ha,ha”, me dice.

Para mi infortunio, el Inglés que me daban en Nueva Era no llegaba hasta ahí y el seguridad al notar que estaba más cerca del Limbo que de entender lo que me habían dicho, se acercó y me dijo:

-“Vamono’ que uté no e’ ningún jodío americano buen freco!”.

Me pide que sigilosamente me vaya delante de la unidad móvil asignada a él y me advierte que de írmele me daba un tiro. Imagínese usted la presión:

-“Sierra 1!. Tengo uno de lo infractore conmigo. Me dirijo a base”.

-“Tráigamelo acá inmediatamente”, le responde su jefe inmediato.

-“Vamo’! vamo’ muévase!. Acuéldese lo que le dije! Si se va, le doy un tiro!”, vuelve y advierte.

Recorremos un largo tramo hasta llegar a la famosa base. Allí me quitan la passola con llave y todo y soy conducido a un cuartito que parecía cualquier cosa menos una oficina de seguridad:

-“Siéntese ahí en lo que llega el comandante!”, me dice el seguridad.

-“Venga acá helmano y pol qué uté me tá’ maltratando asi?. Yo he hecho to’lo que uté me ha pedío”, le digo bien asustado.

-“Cállese buen freco! Por delicuentico como uté e’que tengo que quedame ma’ rato en ete maldito tulno!”, me dice bien airado.

-“Pero yo no hice nada. Sólo le pregunté”.

-“Que se calle carajo!”, me advierte en tono de voz alto y añade: “Cuando venga el comandante debería zafásele una buena galleta pol bocón!”.

Al buen rato llega el largamente esperado comandante. Estaba bien asustado ya que no sabía cómo terminaría el lío y además si llegaba a casa sin esa passola, se armaría otro Abril sin Caamaño!.

-“Gracia’ comando. Puede retirase y váyase pa’ su casa. Déjeme con él”, le dice respetuosamente al seguridad.

-“Tú no te acuelda de mí, veldá?”, me dice.

-“De uté?!. No…”, le digo aun asustado.

-“Tú no ere’ el hijo de Don Chicho?”, me pregunta.

Ultra asombrado y con los ojazos bien abiertos le digo:

-“Y uté conoce a mi papá?!”.

-“Claro!. Don Chicho y yo somo’ amigo. Mira! Te voy a dejá í' polque conoco a tu papá que e’ un hombre muy serio. Pero eso sí!, no quiero volvé a sabé de uté entrando aquí con pases falsos, OK?”, me dice en un tono conciliador.

Me entrega mi Flush y salgo a millón para mi casa. No supe del destino de los muchachos ese día. Al llegar, el susto había pasmado todas mis aspiraciones de volver a salir. Me baño y me pongo a ver TV.

Pasaron un par de horas y mi programa se ve interrumpido por una persona que saluda en la puerta:

-“Buena noche!”.

-“Saludos. Un momento”, le respondo. Me levanto y al abrir la puerta se me cae el alma!. Era el Jefe de Seguridad que horas antes me había tenido detenido!:

-“Buena nocheeee. Papi le bucan”, vocifero.

Llega mi papá y le pide que se siente pero éste se niega alegando que anda de prisa:

-“No, no gracia’ Don Chicho. Yo na’má vine a traele lo rédito del asunto que le debo”.

Entendí que en realidad nunca me permitió salir porque ‘era amigo de mi papá’ sino por el dinero que le debía.


Por: Marcos Sánchez. Cuentos Sociales: "Marco Polo". © 2009 Marcos Sánchez. Derechos reservados.

viernes, 4 de diciembre de 2009

"El Piki palte atrá"

En 1987 la discoteca ‘El Piki’ era una cita obligada para adolescentes ya que representaba la oportunidad de verte con alguna chica e invitarla a bailar objetando así positivamente el hecho de no poder entrar a Abraxas, la disco de al lado.

Una característica bastante singular que poseía ‘El Piki’ era que la parte frontal del negocio consistía en una pizzería, mientras que la parte de atrás era una discoteca.
Como la economía era estable, el dinero le rendía a uno bastante y existía la posibilidad de consumir tanto en la pizzería como en la disco.

Si el tiempo -dado a nivel de permiso- era limitado, entonces uno optaba exclusivamente por ir a la pizzería, consumir refrescos y por supuesto, comer la clásica pizza de jamón y queso.
En el caso contrario a lo previamente expuesto, se tomaba la famosa alternativa de “El Piki palte atrá” por tratarse de algo más discreto.

Para quien divisara el vehículo en que uno andara, el hecho de precisar dónde uno se encontraba, le sería una tarea de triple búsqueda: o verificaba en ‘Disco-Terraza Taco’ (ubicada al frente de El Piki), Abraxas o el mencionado El Piki. Era una estrategia para despistar a personas que francamente le dañarían a uno la noche.

Un dato de suma relevancia, era el hecho de que mi motoneta en ese momento significaba todo un acontecimiento debido dos factores determinantes: era la única de su tipo en toda la ciudad y andar en motocicletas automáticas era algo poco usual. Tuve el privilegio de poseer una Honda Flush, que como decía Vladimir María (hermano de Chichí Michelin), era un ‘Ferrari de dos ruedas’.

En tiempo récord había capitalizado mi popularidad debido a la famosa Flush y en lugares en donde nadie me conocía por mi nombre de pila, me tildaban como ‘el chamaquito de la passolita roja’ y otros se atrevieron a llamarme ‘Marcos Flush’. Aquí es donde inicia este relato:

-“Oye Malquito, qué va sé eta noche?”, me pregunta Carlos ‘La Tanga’, célebre personaje de mi barrio por ‘sabérselas todas’, sobre todo en asuntos de faldas.

-“No sé. A lo mejol salga a da una vuelta con lo muchacho por ahí”, le digo.

-“Esa vaina de da vuelta te va a mariá. Uté lo que tiene que hacé e’ cojé conmigo pa’brasa”, me dice en tono exigente.

-“Abrasa?!, tú te tá’ volviendo loco Carlo?. A mí no me dejan entrá por ser menol”.

-“Ya le dije!. Si pasa por allá ma’ talde uté va a entrá atento a mí”, sentencia.

Me despido de él y salgo a dar mi rutinaria vuelta de reconocimiento que iniciaba en Las Piedras, seguía en Papagayo y ahí mismo, Preconca Vieja y Nueva.
Eran cuatro paradas obligadas en donde visitaba amistades y también admiradoras.

En mi última parada en Preconca Vieja, voy a la casa de una amiga escolar quien tenía una fiesta en su casa y me había invitado bajo la promesa de presentarme una amiga de ésta a quien me interesaba conocer.

Estando ya en la fiesta, me presentan a la chica y rápidamente coordinamos ir al Piki. Accede sin problemas. Nos despedimos de la ahora amiga en común y nos retiramos:

-“Oye pero eta passolita corre mucho!”.

-“Asi es. Tiene una salida bien rápida”.

-“Mira hay algo que tienes que sabel. Yo no vivo por aquí arriba, mi casa e’ por el Mutualita”.

-“Pero eso e’ pa’llá bajo! Y pol qué no me dijite y así te pasaba a bucá por allá?”.

-“Lo que pasa e’ que le dije a mi mamá que iba pa’una fieta de una amiga en Papagayo”.

-“En Papagayo o en Preconca Vieja?”.

-“Eso mimo. Pa’mí son la mima cosa. Total quedan celquita”.

-“Y a qué hora le dijite a tu mamá que volvía?”.

-“Qué sé yo! A la hora que se terminara la fieta. Dime tú!”.

-“Je,je,je,je,je. Ay mi madre jejejeje, que te diga yo?!. Bueno! Son ahora la 8:30 PM. Qué te parece a la 10:30 PM?”.

-“Mmmm, sí ta’bien. Podemo’ quedano hata lasonse y me lleva a donde mi amiga pa’que su papá me lleve a mi casa”.

-“Perfecto!”.

Llegamos sin pormenores al Piki y acto seguido parquié la Flush, nos dirigimos directamente a la discoteca.
Al llegar, pongo en práctica uno de los trucos que Carlos ‘La Tanga’ nos había enseñado en el barrio: al pagar, te sellaban en una de las manos y antes que se secara la tinta, uno la dilataba soplándola para de esa forma, imprimírsela a la otra persona que entraría de gratis:

-“Tú no ere’ fácil Malquito!”, me dice asombrada mi acompañante.

-“Je,je,je,je,je, pa’qué pagá doble si se puede hacel eto?”, le digo.

Entramos al ‘Piki parte atrás’. El ambiente estaba con un aire que daba la hora. Rápidamente nos ubicamos bien cerca del área de la cabina del DJ. Pedimos un servicio de Barceló “cuatro filo” e inicia la muela desenfrenada!.

Entre pláticas y pláticas, nos íbamos a bailar, volvíamos a sentarnos y así sucesivamente. Los sets en ese entonces eran más dinámicos e interesantes que ahora: había un set de cuatro temas de Merengue, Salsa, Música Americana (música bailable en Inglés) y los esperadísimos sets de boleros!.

En éstos últimos, uno se aprovechaba porque se sabía de antemano que eran cuatro baladas consecutivas y si usted no ligaba allí mi hermano(a), olvidarse del asunto era lo más lógico.

Tras haber finalizado con éxito el esperado set de boleros, nos disponemos a sentarnos. Mi estado anímico estaba sumamente acelerado (habían ya 3 servicios de cuatro filo! abajo) y de haber existido Los Sabrosos del Merengue en esa época, iban a tener que cederme el término de ‘sabroso’ porque lo estaba 100%:

-“Que bien me he sentido aquí contigo Malcos”, me dice la fémina con ojos en Saturno.

-“Esa era la idea”, le digo bien animado al momento que le doy un largo beso.

-“Mira! Ya tienes que llevame. ‘Ta talde!. Van a sé lasonse!”, me dice entre ‘tengo que irme, pero me quiero quedar’.

-“OK. Déjame í al baño”.

Al llegar al baño de caballeros, me impide la entrada uno de los camareros y me comunica que no se encontraba en servicio. Gentilmente me indica que fuera al de la pizzería.
Hago lo propio y al salir me encuentro con Carlos ‘La Tanga’ prendío como dos bombillas del estadio:

-“Padrote! Vengacá mi helmano!. Tú sabe que yo te quiero mucho a tí y a Alturito. Utede son miselmano del barrio!”, me comenta abrazándome.

Sin medir palabras o darme tiempo de nada, me toma del antebrazo y me dice halándome:
-“Ven, vamo’ pa’brasa”.

-“No, no Carlo!. Ando con una novia y me ta’ eperando en la dicoteca del Piki”.

-“Mire carajo!. Nadie le dice que no a La Tanga!”, me va sentenciando mientras me va llevando para Abraxas.

En la puerta no hubo inconvenientes ya que él era conocido. Una vez en el interior, nos sentamos en el bar. Pide una cerveza para mí y un Palo Viejo para él. Notando el estado en que se encontraba, el bar tender le dice que lo que había era Brugal y Carlos asentó.

A sabiendas que no podía mezclar, accedo a tomarme la cerveza para ver si lo entretengo y así zafármele. Inútilmente traté de convencerlo de que me dejara ir porque en realidad tenía a alguien esperándome y no fue hasta que se acercó una mujer que le advirtió que se preparara porque venía el set de boleros.

Carlos es llevado a su pista y aprovecho para salir y me encuentro con la fémina bien desesperada mirando el reloj y me dice:

-“Y dónde tú ‘taba!?. Mira que hora e’! son lasonse y media. Mi amiga me va a matá”.

-“Depué te eplico. Ven vámono’”.

-“Pero no pa’ donde mi amiga! Tu ta’ loco!?. A eta hora no puedo llegá allá. Me da velgüenza”.

-“Pero ven vamo’ la flú corre rápido…”

Subimos a Preconca Vieja y al llegar, la fiesta de la amiga se había acabado. No había tiempo que perder porque de presentarse a las 12:00 AM sin el papá de su amiga, ella tendría serios problemas.

Unos tres llamados medio sutiles por la ventana frontal de la casa de la amiga, mas no hubo nunca respuesta. Una sólida tensión se notaba en su aspecto y es entonces cuando le digo:

-“Mira! Vamono’ tu papá no come gente!”.

-“No, lo que pasa e’ que…”

-“No va a pasá na’ vamono’ dije yo ya!”.

Llegamos faltando cinco minutos para la media noche. Al ella decirme que vivía por el Mutualista, imaginé que se trataba de Chicago o quizás Savica, pero no eran ninguno de los dos sectores y resultó que ella vivía en la parte trasera de un caserío rumbo a la Avenida Libertad.

Con el corazón en la boca, agarro mi mujer de manos y nos adentramos al lúgubre callejón. Al final del mismo había una modesta casa con puerta de zinc por donde se podía ver un tenue bombillo encendido como muestra de que estaban levantados.

Tras unos minutos de vacilación, se decide a tocar y al yo ver que alguien abría la puerta, medio me alejo en la penumbra con la clara intención de que no me vieran.

De un momento a otro, se cierra la puerta y se escucha la voz de una señora (presumiblemente su mamá) que vociferaba:

-“No!, no!, no le dé!”.

Sale la fémina por un lateral de la maltrecha residencia y me dice:

-“Vete Malco que e’ a ti que te van a dá!”.

Salgo idéntico a los ‘100 Metros Planos’ y llego bien rápido a donde se encontraba la Flush, me subo en mi passola y arranco sin rumbo fijo.

Entre calle y calle, llegué a la Dr. Teófilo Ferry y al divisar qué calle era, arranqué hacia arriba sin medir si era una vía y pasando las esquinas a cieguitas, llegué a mi casa.

Al día siguiente coincidí con la amiga de Preconca Vieja quien me comunicó que el caballero no era su papá sino su padrastro y que quería hablar conmigo para conocerme. Respondí naturalmente:

-“Y e’ fácil?!”.

Por: Marcos Sánchez. Cuentos Sociales: "El Piki palte atrá". © 2009 Marcos Sánchez. Derechos reservados.